El conocimiento científico*

En primer lugar, el sentido de estas definiciones son aplicadas a la investigación científica. Lo que quiere decir, que el propósito de este artículo es señalar conceptos y definiciones acerca de lo que es el conocimiento científico y distinguirlo del conocimiento ordinario. Para comenzar se debe reconocer que antes del conocimiento científico existe el conocimiento ordinario. Sin embargo, este es insuficiente para profundizar y demostrar alguna teoría científica porque carece de un método preciso y exacto para eso. Esto no quiere decir que el método es una fórmula mágica para descubrir conocimiento, a pesar de eso, es el más adecuado. Veamos ahora cómo se define el término “ciencia. Bunge dice que es un conocimiento de naturaleza especial: trata primariamente, aunque no exclusivamente, de acaecimientos inobservables e insospechados por el lego no educado, tales son por ejemplo, la evolución de las estrellas y la duplicación de cromosomas, la ciencia inventa y arriesga conjeturas que van más allá del conocimiento común (p.19).

Para continuar, hay que descartar que el sentido común – agrega Bunge- no puede ser juez autorizado de la ciencia, y el intento de estimar las ideas y los procedimientos científicos a la luz del conocimiento común y ordinario exclusivamente es descabellado: la ciencia elabora sus propios cánones de validez y, en muchos temas, se encuentra muy lejos del conocimiento común, el cual va convirtiéndose progresivamente en ciencia fósil (p.20).

Bunge también se refiere al “ideal de racionalidad” que es la sistematización coherente de enunciados fundados y contrastables, se consigue mediante teorías, y éstas son el núcleo de la ciencia, más que del conocimiento común, acumulación de piezas de información laxamente vinculadas. También el “ideal de objetividad” no puede realizarse más que rebasando los estrechos límites de la vida cotidiana y de la experiencia privada, abandonando el punto de vista antropocéntrico, formulando la hipótesis de la existencia de objetos físicos más allá de nuestras pobres y caóticas impresiones, y contrastando tales supuestos por medio de la experiencia intersubjetiva (p.21).

Tal como se observa, el conocimiento científico es cierto que parte del conocimiento ordinario, pero este es superado por la necesidad de otros barómetros de investigación sobre determinado objeto físico. Bunge señala que las opiniones científicas son racionales y objetivas como las del sano sentido común: pero mucho más que ellas (p.22).

En definitiva, para hacer investigación científica, se requiere más que conocimiento ordinario o sentido común, se requiere del conocimiento científico y, por lo tanto, del método científico.

*La investigación científica. Su estrategia y su filosofía. Mario Bunge.

Cápsula histórica: Hans Reichenbach*

Hans Reichenbach nace el 26 de septiembre de 1891 en Hamburgo. Estudia ingeniería civil en la Escuela Técnica Superior de Stuttgart y matemáticas, filosofía y física en las universidades de Berlín, Göttingen y Munich. En 1915, en Erlangen, obtiene su doctorado en filosofía. De 1915 a 1917 hace su servicio de guerra en Rusia. Desde 1918 participa en el movimiento estudiantil, de corte socialista. De 1920 a 1926 es Privatdozent en la Escuela Técnica Superior de Stuttgart. De 1926 a 1933 es profesor de filosofía natural y fí-sica en la Universidad de Berlín. Con Rudolf Carnap, Reichenbach es editor, desde 1933, de la revista Erkenntnis. Se le licencia en 1933, emigrando entonces a Turquía. Desde 1933 a 1938 es profesor de filosofía en la Universidad de Estambul. En 1938 cambia su lugar de residencia a los Estados Unidos. Desde este año hasta 1953 es profesor de filosofía de la ciencia en la Universidad de California en Los Ángeles. Es también profesor visitante en Nueva York y París

.Hans Reichenbach muere el 9 de abril de 1953 en Los Ángeles, California

Obras notables:

The rise of scientific philosophy

The direction of time

Experience and prediction

Philosophic foundations of quantum mechanics

The philosophy of space & time

*El circulo de Viena. Empirismo lógico, ciencia, cultura y política – Friedrich Stadler

La tarea del ontólogo en la modernidad planteado por Mario Bunge*

Antes de establecer ciertos axiomas sobre la tarea del ontólogo en la modernidad, vamos a definir qué es la ontología. Mario Bunge define la ontología o metafísica como la cosmología general o ciencia general: es la ciencia que se ocupa de toda la realidad, que no es lo mismo que la realidad como totalidad o todo. Y señala a algunos autores con los que se encuentra de acuerdo, por ejemplo, Charles Sanders Pierce dice que el tema de la ontología es el estudio de las características más generales de la realidad y de los objetos reales. Y Richard Montague dice que la metafísica se ocupa de todas las preguntas de carácter general y fundamental respecto de la naturaleza de lo real. Y Bunge luego señala que la metafísica estudia los rasgos genéricos (no específicos) de todos los modos del ser y el devenir, así como las características peculiares de los principales géneros de existentes.

Para aclarar la duda si existe alguna diferencia entre en ontología y metafísica, pues Bunge no señala ninguna diferencia, ontología y metafísica son sinónimos, y su definición es la misma. Por consiguiente, el metafísico y el ontólogo tienen las mismas tareas.  

A partir de todo esto también surge la pregunta si la ontología o metafísica es una ciencia. Esto puede confundir un poco. Para eso lo vamos a dejar planteado de la siguiente manera. Aunque el científico, dice Bunge, se dedica a cuestiones de hecho bastantes especificas, el ontólogo se ocupa de todos los dominios fácticos, se trata de un generalista, no de un fragmentista. Y menciona que la empresa del ontólogo es más ambiciosa y, por ello, también más arriesgada que cualquier proyecto científico. Sin embargo, ambas empresas no son mutuamente excluyentes y, en realidad, en ocasiones son imposibles distinguir: una pregunta científica muy general puede ser una pregunta ontológica especial. Bunge define la metafísica como una ciencia, pero una ciencia superior y, a la misma vez, una rama de la filosofía. Lo que quiere decir que la “ciencia” la que solo estudia lo especifico, nunca puede llegar a ser ontología o metafísica. Y, aun así, la ontología podría abarcar los temas de la ciencia. Por eso su similitud, por los temas que pueden llegar a estudiar.

Ahora bien, veamos los axiomas sobre la tarea del ontólogo (o metafísico) en la modernidad. Bunge dice que el ontólogo debe investigar los principales rasgos del mundo real tal como los conoce la ciencia y que debe proceder de un modo claro y sistemático. Y agrega que el ontólogo debe reconocer, analizar e interrelacionar conceptos que le permiten producir una representación unificada de la realidad. Y por realidad, Bunge se refiere en un sentido estricto como el mundo concreto.

Hay que agregar que la ontología planteada por Bunge requiere métodos científicos, es decir, su investigación procede a partir de un método tanto comprobable y refutable. Este método científico incluyen la utilización de ciencias formales: lógica y matemática.

Para finalizar, Bunge señala algunas pautas: Regulae Philosophandi more geométrico et scientifico (reglas del filosofar axiomático y científico)

R1 Tener en cuenta la tradición metafísica, pero sin contentarnos con ella: revisar y corregir el acervo tradicional de problemas y soluciones,planteando nuevos problemas e intentando nuevas soluciones a preguntas tanto antiguas como nuevas.

R2 Evitar las palabras que no transmitan ideas claras: la oscuridad no es un indicador de profundidad sino de confusión y hasta de fraude intelectual. En cuanto a las ideas confusas –todas las ideas lo son al nacer– inténtese refinarlas.

R3 Intentar formalizarlo todo: sea lo que fuere eso que es digno de ser dicho en cada disciplina teórica, incluida la metafísica, se lo puede y se lo debe decir con el auxilio de la matemática, en bien de la claridad y la posibilidad de sistematización.

R4 No confundir simbolización con mat matización: la taquigrafía no dilucida ni sistematiza. Un constructo no es exacto –y se lo puede considerar fraudulento, o sea flatus vocis, en lugar de un concepto genuino– a menos que se le asigne un estatus matemático definido (como conjunto, relación, función, grupo, espacio topológico o lo que fuere).

R5 Luchar por el rigor, pero sin permitir que éste mine el vigor: la exactitud es un medio, no un fin. Se trata de un medio para conseguir claridad, sistematicidad, fuerza [argumental] y controlabilidad. La insistencia en el rigor por el rigor mismo y al precio de resignar intuiciones profundas es un indicio de esterilidad.

R6 Explicar lo concreto por medio de lo abstracto, en lugar de a la inversa. Inviértase la recomendación de Russell, para reemplazar las entidades ≪inferidas≫ (no observadas, hipotéticas) por construcciones lógicas a partir de las impresiones sensibles. Imitar a los atomistas y a quienes investigan la teoría de campos. Admitir las propiedades observa-

R7 Mantenerse alejados del subjetivismo; evitar, por ejemplo, las definiciones formuladas en términos de experiencia personal. Ejemplo de estrategia a evitar: Whitehead (1920, p. 13) definió el concepto de hecho como ≪el punto de llegada indiferenciado de la percepción sensorial≫. Toda dilucidación ontológica, aun de conceptos referentes a fenómenos subjetivos, debe formularse en términos objetivos (sin alusión a un sujeto).

R8 No reificar lo que no sea una cosa y no tratar como una entidad independiente lo que no es sino el resultado de una abstracción. Por ejemplo, no hablar de sucesos aparte de las cosas cambiantes o como constitutivos de estas.

R9 Luchar por la sistematicidad: intentar construir teorías y establecer vínculos entre ellas. No introducir conceptos que aun no han sido dilucidados, salvo a modo de comentarios extra sistemáticos: proceder de manera ordenada y, si es necesario, axiomática. El análisis filosófico es indispensable, pero no basta y, en todo caso, se lo realiza mejor en el contexto de un sistema.

R10 Controlar no solo la consistencia interna de las hipótesis y teorías metafísicas, sino también su compatibilidad con la ciencia contemporánea e incluso su contigüidad a esta.

Aunque no los garantiza, el cumplimiento de estas reglas debe ayudarnos a desarrollar marcos ontológicos –y hasta teorías– orientados a la ciencia.

*Véase en Tratado de Filosofía Ontología I El moblaje del mundo

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